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viernes, 31 de julio de 2015

El Teatro, los niños y el verano en los municipios poco visibilizados

Por Esther Suárez Durán
Tomado de  www.cubarte.cult.cu

Durante el mes  de julio el Teatro de la Villa incluyó, además de sus funciones especiales de verano en su conocida sala de Dr. Mora y Desamparados, en Guanabacoa (para niños: en las tardes de Jueves a Domingo y, para adultos: en las noches de los sábados), una gira a la Isla de la Juventud. Para  los jóvenes Claudia Lazo, Reinier Ramos, Yanisleydis Góngora y   Armando Cotrina se trataba, además, de un encuentro con una región del país desconocida, mientras  para la actriz Doris Vargas, de mayor experiencia en las tablas, significaba la actualización sobre la vida del presente en aquel territorio.

En cuatro días efectivos de trabajo (pues el viaje desde y hasta la Isla grande les tomó todo un día)  realizaron once funciones en poblados distantes unos de otros, pertenecientes a zonas como  La Fe y La Victoria, entre otras. Se presentaron en Julio Antonio Mella, Atanagildo, Cuatro Caminos,  y, en algunos sitios ello supuso actuar ante niños y jóvenes que no conocían el Teatro. Si la experiencia teatral resultó emocionante para dicho público, de similar manera lo fue para los actores,  personas enamoradas de lo que hacen y que, con tal vivencia, se reafirmaron aún más en su vocación. Porque, es bueno precisar, que existen por todo el archipiélago lugares a los que alcanza la televisión y la radio, pero no así el Teatro y la especial experiencia estética y vivencial que este supone; lo cual llama la atención acerca de la importancia que toma este accionar por las comunidades, ya sea mediante experiencias reiteradas y ya institucionalizadas como la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa y la Guerrilla de Teatreros de la provincia Granma o mediante una labor continua de programación teatral durante todo el año.

En la Isla de la Juventud, a los daños causados por los huracanes, se suman otros males, el resultado es que este municipio, que otrora contaba con la sala de La Toronjita Dorada y con el Teatro Victoria, ahora se halla desposeído de  instalaciones teatrales en capacidad de acoger espectáculos de cierta complejidad, por ello la brigada artística que conformaron los artistas del Teatro de La Villa junto a los infantes del proyecto comunitario del Circo Nacional de Cuba y otras dos artistas del Proyecto Narrarte iba preparada para actuar en las circunstancias más heterogéneas y difíciles.

Entre tanto, en la capital, el teatro La Edad de Oro, situado en Juan Delgado y Santa Catalina, en el municipio Diez de Octubre, realizaba sus presentaciones habituales de fin de semana con Cuentos, juegos y marionetas, que para el día 19, cerrando las celebraciones por el Día de los Niños, incluyó el concurso “El artista soy yo” y, a pesar del intenso calor de esta sala de 380 capacidades que aún no cuenta con su sistema de climatización funcionando, el espacio se repletó.

Teatro de la Villa y la Compañía Hilos Mágicos figuran entre las instituciones que sobrecumplen con creces sus planes de público asistente a las funciones y  recaudación. Fin de semana tras fin de semana ambas salas se mantienen abiertas, no importa cuál sea la etapa del año,  y el público acude confiado y gozoso pues sabe que la programación que le espera no defraudará sus expectativas. Pero una y otra institución teatral, que atienden, sobre todo, las necesidades de los públicos de sus municipios, alejados del centro cultural de la capital, requieren la mejora de sus condiciones de trabajo diario y de ejecución de su programa de presentaciones teatrales. El Teatro de la Villa espera por el cambio de sus equipos de climatización, los cuales, a estas alturas, no funcionan en absoluto, lo que ha provocado  más de un accidente de trabajo entre sus actores, por las sobre elevadas temperaturas a que se expone un intérprete cubierto por un pesado vestuario que realiza su faena bajo las luces intensas del escenario. Hilos Mágicos y su sala La Edad de Oro  están pendientes de que la brigada de ejecución de obras que en ella estaba trabajando continúe y termine sus labores, interrumpidas en pleno clímax, por una deficiencia administrativa, y, entre las metas esperadas se hallan poder contar con agua corriente en el Teatro y con el sistema de climatización, algo que la población circundante va a agradecer a la par de los artistas.

Para finales de Agosto el Teatro de la Villa prepara el estreno de Papito, una obra de Hugo Araña que en 1992 este grupo llevó por vez primera a las tablas, bajo la dirección de Armando Morales. En 1994 la puesta se alzó con uno de los Premios de Puesta en Escena del Festival de Teatro de Camagüey. Ahora, María Elena Tomás, quien fungiera entonces como asistente de dirección, gracias a sus minuciosos apuntes la está levantando casi tal cual sobre el escenario,  con un elenco totalmente renovado.  Y asombra ver cómo los hallazgos artísticos de entonces mantienen todavía hoy su vigencia, lo que hace de este espectáculo una propuesta teatral de mucho interés, tanto para los actores que la ejecutan, como para el público que la disfruta. La riqueza de dicho espectáculo nace no solo del talento y la madurez artística de su Director, sino, que es resultado, además, del trabajo colectivo de taller a que fue sometido su texto. Durante semanas se improvisó sobre cada situación, se probaron diversas variantes expresivas para seleccionar, a la postre, la más adecuada. Entre tanto, como ahora mismo sucede, el proceso de trabajo de los intérpretes se iba sedimentando y de ahí nació lo que, a la luz de los años, hoy se nos presenta como uno de los momentos más altos de la escena titiritera y de la escena para niños de las últimas tres décadas.

viernes, 10 de julio de 2015

La sexta edición de la Fiesta del Títere en Holguín

Por Esther Suárez Durán
Tomado de  www.cubarte.cult.cu
 
Convocada por el Guiñol de Holguín y patrocinada por el Consejo  Provincial de las Artes Escénicas,  la Dirección Sectorial de Cultura, la UNEAC y la Asociación Hermanos Saíz (AHS) se desarrolló entre el 24 y el 28 de junio la sexta edición de la Fiesta del Títere en Holguín, esta vez con la presencia de diez agrupaciones teatrales, procedentes de Bayamo, Guantánamo, La Habana, la Filial del Instituto Superior de Arte (ISA) en Santiago de Cuba,  y la ciudad anfitriona del evento, a las que se sumó el colectivo de Croché Teatro, de Colombia. Por La Habana, estuvieron Teatro del Puerto y el Teatro Nacional de Guiñol; el Teatro Andante, representó a la provincia Granma; mientras desde Guantánamo viajaban el Guiñol Guantánamo y el Grupo Ríos, y el proyecto La Chimenea representaba a los estudiantes del Instituto Superior de Arte. Por la provincia sede participaron, además del Guiñol de Holguín, Neón Teatro y Trébol Teatro.

Como en otras ediciones, esta vez el arte teatral llegó a diversas comunidades, algunas un tanto apartadas de las zonas urbanas, también a escuelas y a los centros que acogen a los niños y adolescentes  sin amparo filial.

El nivel actoral del Guiñol de Holguín llamó de inmediato mi atención. Algunos de quienes fueron por años sus pilares se han jubilado, otros actores han emigrado, pero la planta actoral de ahora mismo no tiene nada que envidiarle a otras épocas. Los pude ver en el pasacalle que dio inicio al evento, donde dos de los intérpretes de más reciente ingreso realizaban sabias evoluciones con sus mojigangas;  más tarde en los espectáculos Sancho Panza en la ínsula Barataria y en la excelente versión de La Cucarachita Martina (ambos a cielo abierto, en el Parque Calixto García de la ciudad). En esta última Yeniser Ramírez (Guaso), Karel Fernández y Reinaldo Calzado hicieron las delicias de la concurrencia.
A ello se suma la unidad y organización del conjunto que, además,  se encargó del desarrollo de todo el encuentro. Mención especial merecen Rubén Rodríguez, quien ante la ausencia del Productor del grupo, asumió el día a día en el hotel donde nos alojábamos los grupos y artistas invitados, actuando con suma eficacia, y, por supuesto, Dania Agüero, actriz devenida en su Directora General, inspiradora y animadora esencial de esta festividad, una mujer con el curioso don de la ubicuidad que explica una capacidad organizativa extrema.
Entre las labores destacadas vale la pena mencionar las de los choferes El Musso y Jorge Luis, cada uno con el ómnibus que tiene a su cargo no dejaron de transportarnos en tiempo y forma adonde quiera que fue necesario, actuando siempre de manera profesional, con gentileza y compromiso.

Esta vez el cónclave estuvo dedicado a celebrar los 45 años de vida del Guiñol Guantánamo, en  cuya labor se centró el encuentro teórico  que integraba el programa general. Allí se habló de los años fundacionales, de la extensa etapa  (diecinueve años) durante la cual carecieron de sede, de la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa, que el grupo lidera desde hace 25 años y que es, hoy por hoy, uno de los eventos más importantes de las artes escénicas en toda la Isla y uno de los fundamentales en la relación de eventos culturales del país. El grupo estuvo presente  en las comunidades de la provincia con dos de sus espectáculos, en una de ellas, nombrada Cañadón, correspondiente al municipio de Banes, constituyeron un verdadero suceso, pues los niños del lugar nunca antes habían disfrutado de la experiencia teatral. Cañadón fue ejemplo de lo que se aspira en esta Fiesta, pues en ella las autoridades del lugar, encabezados por su Delegada del Poder Popular e incluyendo a las autoridades culturales y hasta la PNR  se congregaron para recibir la embajada artística.

De Guantánamo también, el Teatro Ríos trajo su pieza El conejito que no quería estudiar, con guión y dirección artística de Rafael Rodríguez, su director general y artístico, quien también es un magnífico diseñador y constructor de muñecos. La obra está muy bien estructurada con relación a los sucesos, la puesta en escena es limpia y las voces de los actores resultan estupendas, a pesar del gran retablo detrás del cual trabajan. Valdría la pena que esta agrupación pueda conocer trabajos contemporáneos y compartir con colegas que resultan exponentes de nuevas maneras de hacer para que su labor se actualice, pues condiciones artísticas y talento no faltan.

Teatro Andante, por su parte, actuó en comunidades y en escuelas, con Los sueños de la feria, un unipersonal a cargo de la actriz Adis Nuvia Martí, que todo el tiempo interactúa con su público. Al finalizar la presentación, tal y como es habitual en las funciones del grupo la actriz pone a los niños en contacto directo con los títeres, explicando las diversas técnicas que se emplean en el espectáculo y permitiéndoles que ellos mismos animen los muñecos e identifiquen luego los mecanismos que los caracterizan. Resulta impresionante como de una sola vez la audiencia infantil se apropia de este conocimiento.

El encuentro nos permitió disfrutar del espectáculo más reciente de Neón Teatro, El buen vecino, bajo la dirección artística de Tito Bruzón. Este grupo se caracteriza por la elaboración de los llamados espectáculos con luz negra o teatro negro. Nuevamente Neón Teatro desafía la convención y presenta un espectáculo de esta índole en medio de una calle, lo cual constituyó una osadía de sus artistas, a la par que permitió la presencia de una mayor cantidad de espectadores de todas las edades y se ajustó a la filosofía que anima esta Fiesta, en donde el Teatro sale a la calle en busca de los públicos. El buen vecino, que inicia ahora su proceso de presentaciones y aún necesita algunos ajustes, constituyó, sin duda, un disfrute  sensorial para todos sus espectadores.

Por su parte, Trébol Teatro, una institución dedicada al teatro para los jóvenes, nos acogió en el espacio que acaban de recibir para construir en él su sede. Allí, en asientos precarios y sin ventilación alguna contribuimos a realizar un nuevo acto de resistencia; algo consustancial al Teatro, en premio obtuvimos el disfrute de una pequeña joya: My Valentine, un curioso espectáculo de títeres de mesa, minimalista en toda la extensión del término, que acaban de componer dos jóvenes actores: Heidy Almarales, actriz  de Las Tunas, y Dennis Pérez, actor del Guiñol de Santiago, quienes han coincidido, felizmente, en la Filial de la Facultad de Arte Teatral que funciona en la ciudad de Santiago de Cuba y forman el grupo La Chimenea.
La inestabilidad de los elencos, por migraciones de los actores a otras provincias, medios profesionales o países es fenómeno nacional, que afecta a la mayoría de los colectivos escénicos. Trébol Teatro no resulta excepción, por ello hubimos de conocer su más reciente estreno, Pasaporte, obra dramática y espectáculo de Yunior García, mediante una grabación en video durante la segunda noche en que visitamos su espacio. La agrupación se dispone a hacer de ese lugar un sitio flexible que posibilite diversas perspectivas para la configuración de los espectáculos, una urgencia de cara a los tiempos que corren y las nuevas dramaturgias.
La eficacia de esta edición de la Fiesta del Títere puede ser todavía mayor. Para ello será pertinente trabajar con mayor detalle en la programación que se organiza con anterioridad en las escuelas, los barrios y comunidades. Será preciso coordinar  en cada lugar, cara a cara con las autoridades del sitio, el espectáculo que se podrá ofrecer, de acuerdo con las condiciones que existan o que se puedan crear, y lograr un verdadero compromiso, pues  la labor de los artistas y sus resultados es algo a disfrutar y a respetar; el hecho teatral tiene una trascendencia que no puede perder.

También puede ser útil mantener una programación diaria, tal vez al final de la tarde, en una instalación teatral de la ciudad capital, quizás en el mismo Teatro Ismaelillo, de manera que los habitantes de la propia zona urbana tengan oportunidad de disfrutar un poco más de la fiesta.

Además del programa de presentaciones artísticas, que es el centro del evento, puede pensarse en sesiones de encuentros de otro tipo entre los participantes; esa zona de actividad necesita de una seria meditación para obtener de ella los mejores resultados. En ella pueden existir conferencias, debates, presentaciones de libros, de materiales audiovisuales…, su riqueza es infinita. Y no hay que temerle a consultar a otros colegas acerca de cómo organizar mejor el programa. Se hace camino al andar y entre todos vamos aprendiendo y perfeccionando nuestras acciones.

Desde estas páginas mi gratitud para Yuder Ortega, María Isabel Tarafa, Anabel Pérez, Idalmis Pérez, Fernando Gil, Dianelys Remedios, Magdiel González, Michel Suárez, Karel Maldonado, William Grande, Roberto Sera, María de los Ángeles Rodríguez, Maritza Salazar, todos miembros del Guiñol de Holguín, junto a aquellos a quienes he mencionado en las líneas anteriores de este texto y Dania Agüero, su Directora General, por empeñarse y conseguir mantener un encuentro como este, por encima de todas las dificultades y limitaciones,  a pesar de la soledad en la cual se trabaja a veces, de la falta de colaboración efectiva del resto de las instituciones. La Fiesta del Títere es un evento inscrito ya en la geografía teatral  de la Isla que ganará con cada edición y el concurso y compromiso de todos los que en ella hemos tomado parte alguna vez y de los nuevos que vendrán.