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martes, 11 de agosto de 2015

El Taller Coreográfico se muda al Martí

Por Yuris Norido
Tomado de cubasi.cu


Por tercer año consecutivo, el Ballet Nacional de Cuba convocó a su Taller Coreográfico, una de las más interesantes iniciativas de la compañía que dirige Alicia Alonso. Coreógrafos de disímiles promociones y procedencias, presentaron creaciones este fin de semana en el capitalino teatro Martí.

 Abrió el programa un ejercicio de evidente vocación neoclásica: Poema, coreografiado por Eduardo Romero sobre la música de José María Vitier. Es una pieza prácticamente decorativa, sin búsquedas, sin profundidades, sin implicaciones de peso. Un jovencísimo cuerpo de baile la asumió sin penas ni glorias. Quizás faltó compromiso en la ejecución, pero tampoco había un entramado sugerente. Pareció la propuesta más endeble de la función.

Diciembre, del joven coreógrafo de Danza Contemporánea de Cuba Raúl Reinoso, cuenta con basamentos mucho más sólidos. Se trata de un dúo bien interpretado por los bailarines Daniela Gómez y Manuel Verdecia, en el que a todas luces se narra el itinerario de una relación. El planteamiento de la metáfora es convincente, las secuencias son incitantes, pletóricas de significaciones más o menos evidentes. Hay que aplaudir la fluidez de la línea danzada, el talante dramático, el diálogo de la coreografía con la música de María Teresa Vera. La atmósfera está bien conseguida, aunque por momentos parecen excesivos los cambios de luces. 

Say Something, del joven Daniel Rodríguez Rittoles, también se ocupa de una relación de pareja, marcada por encuentros y desencuentros. Ely Regina y Rafael Quenedit le otorgaron particular intensidad a una pieza con claras intenciones narrativas, aunque sin grandes pretensiones metafóricas. Hay buen gusto, hay vocabulario, hay un interesante trabajo con los planos. Como en la obra anterior, el tema musical influye tremendamente, no es puro acompañamiento. Este coreógrafo tiene potencial, hay que estar al tanto.

Una creadora habitual en estos talleres, Maysabel Pintado, propuso, quizás, la más compleja de las coreografías de la ocasión: Desencuentro, con música de Denis Peralta interpretada en vivo por la cellista Lilliam Chacón. Dos solistas en un devenir incierto, sin poder concretar su unión, entre un cuerpo de baile movido por disímiles impulsos, gente que por momentos es obstáculo y por momentos puro contexto. Es muy interesante el planteamiento, que explicita conflictos perfectamente reconocibles. Plausible también el trabajo al unísono de varios núcleos, de manera que se multiplica el centro de atención. No está del todo resuelto el movimiento de la instrumentista por el escenario, introduce una distracción que la coreografía no logra asimilar aunque lo intente.

Lázaro Batista, bailarín de Danza Teatro Retazos, parte de una gestualidad sobria aunque hasta cierto punto rebuscada para ir complejizando su propuesta, Espacios, que termina por concretar una interacción no exenta de conflictos entre tres sujetos. El vocabulario rehúye esteticismos, hace énfasis sobre todo en la capacidad de trasmitir emociones, de manera destemplada, cortante, ruda. Un ejercicio interesante para los bailarines, que no suelen asumir piezas de este estilo.


Por último, una de las más conseguidas coreografías de este taller, Dueto, de Ely Regina. En anteriores talleres, esta primera solista del Ballet Nacional ha presentado credenciales con piezas muy bien recibidas por el público. Ahora presentó un dúo de marcada plasticidad, que contamina la línea más convencional con movimientos de súbita originalidad, pero que se insertan perfectamente en la línea danzada. Ely Regina, a todas luces, es hábil a la hora componer secuencias, pero también tiene noción de la alternancia de tempos, dominio del espacio escénico, pulso para consolidar unidades de sentido… aunque el planteamiento sea básicamente abstracto. Lo he dicho más de una vez: ella hace rato dejó de ser una promesa. Destacable también el trabajo de los bailarines principales Dayesi Torriente y Luis Valle, precisos, funcionales, a la altura de todas las demandas.

El Taller Coreográfico del Ballet Nacional de Cuba debe seguir haciendo aportes al repertorio activo de la compañía. Siempre lo decimos: ojalá que algunas de estas piezas trasciendan esta temporada de estrenos.

viernes, 8 de mayo de 2015

Nuevos rostros de la danza cubana




Por Mercedes Borges Bartutis  
Tomado de www.lajiribilla.cu

Es un hecho común decir que la creación de danza en Cuba pasa por una crisis. Y, ciertamente, si hacemos un recorrido por las “temporadas” de las compañías que mantienen una cartelera habitual en los teatros cubanos, asistimos a la reiteración de obras que no logran llenar las salas y que tienen, como máximo, seis funciones en su programación.


Pero, en verdad, se han perdido las temporadas de danza contemporánea en este país, y con ellas el hábito de un público que se confunde ante la cantidad de nombres de compañías casi inexistentes, acomodadas bajo el amparo institucional.

Es cierto que el teatro es beneficiado por una programación más amplia, pero la danza ha dejado de luchar, ha perdido el empuje, y solo “Los días de la danza” y algunos espacios que muestran una presencia más permanente, como es el caso de Las Carolinas, logran visibilizar lo que sucede con parte de la creación en el país.

En medio de ese panorama, y a pesar de que no interactúan, se observan algunos nombres que están formando una zona común, de lo que pudiera llamarse “las nuevas escrituras o expresiones recientes en la danza cubana”.

Varios entraron con nuevas propuestas y se agotaron rápido. Así tenemos el caso de Tangin Fong, ex bailarín de Danza Contemporánea de Cuba y su proyecto Corpus, Espíritu, Alma; una propuesta que comenzó tanteando el azar con obras en espacios no convencionales como azoteas, aunque también presentó programas con características más formales en salas teatrales. A esto se suma el caso, en Cienfuegos, de un pequeño grupo que bajo el nombre de Oxígeno y comandado por el actor Luis Manuel de Armas, mostró una suerte de amalgama donde se mezclaba el ballet neoclásico con la danza teatro, todo esto ataviado con frustraciones humanas y problemas existenciales en sus más diversas expresiones.

Por su parte, en Danza Contemporánea de Cuba se abrió un espacio para quienes llegaban de la Escuela Nacional de Danza con inquietudes coreográficas. Osnel Delgado, Julio César Iglesias, Michel Ávalos, o George Céspedes, por solo citar algunos nombres, comenzaron a probar sus ideas en los cuerpos de sus compañeros, y aunque no todos tenían la oportunidad de llevar sus obras al repertorio de la compañía, se demostró que había una inquietud creativa en un grupo grande de jóvenes, que fundaron un espacio bajo el nombre de Inventario, que lamentablemente desapareció y sus protagonistas se disgregaron. Ahora, ha sido retomado por Osnel Delgado y su proyecto MalPaso, solo que no logra tener la fuerza de otro momento, cuando reunía a un grupo grande de seguidores en los salones de Danza Contemporánea de Cuba.

De estos nombres algunos se mantienen creando: George Céspedes, con su actual grupo Los hijos del director, y Osnel Delgado con MalPaso, cubren una zona de la creación joven totalmente apegada a lo físico, exigiendo “derroche técnico” de bailarines muy bien entrenados; y aunque en el caso de George, por ejemplo, ha echado mano a intérpretes procedentes de otras manifestaciones del arte, el resultado de su propuesta continúa siendo un espectáculo donde la corporalidad es la columna vertebral, apegado a sus creaciones de gran formato en Danza Contemporánea de Cuba.

Desde otro ángulo del asunto, Osnel Delgado mantiene una idea coreográfica sobre la base de una estrategia formal. Este autor ha sido consecuente con su línea de creación, a pesar de que en sus inicios se vislumbraba una ruptura con el movimiento manido de la coreografía cubana de la última década.

De Julio César Iglesias llegaron algunos títulos como Quisiera ser tu perro o Restaurante El paso, que anunciaban una búsqueda en los problemas y la enajenación de la vida cotidiana, búsqueda que proporcionó un material diferente a lo mostrado por Danza Contemporánea de Cuba, en ese momento. Julio César se radicó en Europa hace algunos años, y aunque ha regresado puntualmente para estrenar en temporadas de la compañía, su propuesta actual se ha divorciado radicalmente de aquellos primeros intentos.

La experiencia del proyecto Todo x Uno que se presentó en la sala Raquel Revuelta durante “Los Días de la Danza” de 2013, incluyó solos apenas vistos en los escenarios cubanos. Fue el caso de Abel Berenguer, ex integrante de DanzAbierta, que mostró Instinto de conservación, título que hurgaba en el sentido casi autodestructivo que posee el bailarín de cuidar y, a la vez, mutilar su cuerpo, planteando y resolviendo problemas desde la propia danza.

En una dirección diferente aparecieron Isvel Bello y Gabriela Burdsall. Isvel presentó Tokonoma, pieza inspirada en un texto de José Lezama Lima. En esta propuesta, en un pequeño espacio y sobre una banda sonora electrónica, se mezclaban sonidos de un mundo virtual con un discurso pronunciado íntegramente en alemán. Isvel lograba con esta obra un trayecto muy particular con el mínimo de recursos materiales.

Por su parte, Gabriela Burdsall, integrante de Danza Contemporánea de Cuba, propuso Medea Reload, investigación que tuvo sus inicios con otro nombre en un trabajo tentativo para el Concurso de Jóvenes Coreógrafos “Impulsos” y que luego tomó mayor fuerza, al unirse al dramaturgo Maikel Rodríguez, para ofrecer una primera edición de esta pesquisa, que continúa mutando en cada presentación tanto para la escena como para el audiovisual. 

En este último apartado Gabriela, unida al experimentado Adolfo Izquierdo, fundador junto a Lorna Burdsall del proyecto AsíSomos, han logrado una serie de piezas que encabezan un interesante y amplio repertorio de trabajos que hacen del video-danza nacional, la zona más atractiva del arte del movimiento, que circula hoy por hoy en el ambiente danzario del país.

También dentro de este programa de Todo x Uno apareció Sandra Ramy, una coreógrafa con más experiencia que ha tenido como prácticas anteriores los grupos Danza Teatro Retazos y Teatro El Público, entre otros. Sandra se presenta actualmente con su Colectivo Persona. La propuesta de esta creadora va desde obras como Mi trabajo es usted, autorretrato que articula movimiento, texto, música original y elementos audiovisuales, hasta ¿De qué está hecha tu casa?, un ejercicio que mezcló bailarines de experiencia con niños de la Escuela Provincial de Danza Alejo Carpentier, en un acto novedoso para los escenarios cubanos.

Con el nombre de Ad Libitum, el ecléctico y singular Yanosky Suárez, ha consolidado un punto de creación diferente en la ciudad de Santiago de Cuba, donde parece ser un electrón perdido. Sin embargo, su obra ha circulado con éxito tanto en Cuba como en el extranjero. Casi siempre trabajando en solitario con títulos como Geisha, una rara visión de pocos minutos que siempre llama la atención de los espectadores.

En Guantánamo, Joel González, ha dejado de ser un desconocido para convertirse en el líder de la coreografía en esa región del país. Aún siendo integrante de Danza Libre, Yoel obtuvo varios premios en concursos realizados en Cuba, estrategia que lo catapultó para finalmente concretar su proyecto Médula, iniciativa que comenzó con el esfuerzo de muchos y que ahora se resume en el nombre de este creador. Joel tiene propuestas que suelen ser exploradoras, mezclando lenguajes diversos. Sin embargo, el resultado aún tiene el sabor de lo improvisado, donde la utilización de la voz y otros elementos, no logran una terminación elegante.

Otros nombres como los de Luvien Mederos, Eugenio Ruiz, Miguel Azcue, Esteban Aguilar y Norge Cedeño, pueden y deben incluirse en esta lista, que intenta un acercamiento a una zona poco visitada de la danza cubana. Con ellos quedo en deuda, ya que también aportan otros títulos con características bien diferentes. Son, en definitiva, cuentas pendientes de investigadores, críticos y periodistas, que insisten en mirar la danza desde arriba, sin acercarse a los procesos de creación y, en muchos casos, sin asistir al menos a las pocas funciones que logran colocar estos autores, en la cartelera de la danza cubana.

 Nota: Texto presentado en el evento teórico “Pensar la danza” celebrado en el contexto del Festival Habana Vieja: Ciudad en Movimiento, durante el 15 y el 19 de abril de 2015.