martes, 30 de diciembre de 2014

Fe y supervivencia: de El Tío Vania a Rent, una mirada al año en nuestros escenarios

Por Norge Espinosa Mendosa

Ha resultado una oportunidad extraordinaria el que coincida el estreno en La Habana de Rent, la primera coproducción completa entre un equipo proveniente de Broadway y artistas nuestros, con el anuncio de las nuevas relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos de América. La realidad imita al arte, decía Oscar Wilde, y a veces esa idea suya parece encarnar ante nosotros. Lo que comenzara en el 2011, con la presentación en el Festival de Teatro de La Habana del espectáculo concierto Embajadores de Broadway, se ha dilatado hasta llegar hoy a este espectáculo, que significa una nueva demanda hacia el teatro musical en Cuba, sus espectadores, sus críticos y también su inmediato futuro.

Robert Neederlander, principal ejecutivo de la Neederlander Worlwide Entertainment, confía en Cuba como una plaza potencial para este tipo de proyectos conjuntos. Apostó por ello desde aquel suceso que trajo hace tres años a La Habana, y sobre el cual escribí una reseña titulada “Step by step”. Paso a paso, así ha ido creciendo esta colaboración con el Consejo Nacional de las Artes Escénicas, que ha sido un trabajo progresivo, a la búsqueda de las mejores condiciones técnicas y artísticas que demanda una entrega de alto vuelo, como debe ser el teatro musical.

A la cabeza del equipo está Andy Senior Jr., en quien se ha confiado para montar Rent en varias ciudades del mundo, y que fuera parte del elenco de esta pieza, concebida por Jonathan Larson en 1996, y que desde su estreno le ha dado la vuelta al planeta. Imaginada como un tributo a La Bohème, de Puccini, nos presenta una Navidad en Nueva York a inicios de la década del 90, y sus protagonistas son jóvenes bohemios que aspiran a triunfar en la Gran Manzana gracias a sus talentos. La escasez de dinero y oportunidades, el Sida como un peligro acechante, las relaciones de amor y las pérdidas, conforman la trama de este título que en realidad es una celebración a la vida, y que ganó en su momento premios tan importantes como el Tony, el Drama Desk Award y el Pulitzer. Ahora, Rent llega a Cuba, con su sonoridad rockera y contemporánea, como resultado de un enorme empeño que aspira a ser un punto de giro en el desarrollo del teatro musical en la Isla. Pero sobre eso volveré en los párrafos finales.

El 2014, este año que concluye con el estreno de Rent, cuya temporada se prolongará hasta fines de marzo, ha sido un período de calidad inestable para la escena cubana. Si bien hemos tenido espectáculos tan válidos como El tío Vania, estrenado por Carlos Celdrán con Argos Teatro, y noticias constantes acerca de cómo Teatro de las Estaciones ha celebrado sus dos décadas de intenso laboreo, lo que ha incluido el estreno de dos excelentes puestas en escena a cargo de esta compañía, el resto de la producción nacional no ha sido tan alentadora.

El bicentenario de la Avellaneda nos movilizó hacia Camagüey, y puso ante el público espectáculos de calidades diversas. Entre ellos, vale destacar El millonario y la maleta, a cargo de Teatro del Viento, que en la ciudad natal de La Peregrina le hizo honores con dignidad. Y quiero saludar el trabajo actoral de Gina Caro, quien pudo estrenar finalmente el monólogo que Gerardo Fulleda León (merecedor del Premio Nacional de Teatro junto a Nicolás Dorr) concibió como tributo a la célebre poetisa: La pasión desobediente. Este acontecimiento nos hizo repensar cuán poco vemos en escena a nuestros clásicos, y qué poco preparados estamos para traerlos a nuestra contemporaneidad más allá de estas fechas tan formales.

El Festival de Teatro de Camagüey tuvo a la Avellaneda como centro, y logros más, logros menos, dejó ver una imagen bastante fiel de lo que hay ahora mismo en la escena nacional. Y también, de lo que nos falta. Eventos importantes fueron, además, las nuevas ediciones del Taller Internacional de Títeres de Matanzas y el Mayo Teatral de Casa de las Américas.

En el primero, a veinte años de su convocatoria inicial, se puede percibir la savia de lo recogido mediante el aprendizaje con maestros y maneras de hacer que vienen desde muchos lugares a plantearnos nuevas interrogantes. Amén de ello, se celebró por vez primera en Cuba un Consejo Mundial de la UNIMA, paralelamente.

En el segundo, se acogió a figuras y grupos que manifiestan preocupaciones comunes, sobre el devenir de la especie en un contexto donde lo político, lo existencial y la sobrevivencia son elementos primordiales. De su muestra internacional saludé a los mexicanos de El automóvil gris, y a los dominicanos a quienes guía la coreógrafa cubana Marianela Boán, con Sed. No pude ver otras zonas de su curaduría, lamentablemente. Ojalá la próxima edición renueve el panorama con propuestas que sin necesidad de repetir a grupos de poéticas ya muy conocidas entre nosotros, mantenga el interés por una cita que ya es cardinal en nuestro contexto y que nos ha mantenido al tanto de lo más inquieto y provocador de lo que algunos líderes activan en nuestro continente.

De lo visto en el año recomiendo espectáculos como La muchachita del mar, del proyecto cienfueguero Retablos. OGris, de Teatro Tuyo, dirigido por Ernesto Parra en Las Tunas. Propuestas que intentan acercar al niño a otras maneras de hacer, desde los títeres o el trabajo de clown, y que aspiran a respuestas menos obvias por parte de la audiencia.

La generación de los novísimos ganó controversias con el montaje de Aleja a tus hijos del alcohol, sobre texto de Rogelio Orizondo y dirección de José Ramón Hernández, un trabajo útil en tanto sirve para complementar la visión que sobre otro título del mismo dramaturgo hiciera Carlos Díaz con Antigonón, un contingente épico, que alcanzara sus cien funciones en este 2014. La estructura de collage, la irreverencia y el desparpajo, el lenguaje soez, la fábula fragmentada, son recursos que ya empiezan a demandar otros tratamientos. El espectador puede estar ya acostumbrándose a lo que en primer momento quiso ser una bofetada en su rostro, y la repetición de lo mismo no siempre invita a poner la otra mejilla. El interés, pese a ello, que estos nuevos talentos tienen a su favor, no decae. Falta ahora ver adónde nos llevarán con tales provocaciones.

Con El paseo irrepresentable de Buster Keaton, para adultos, y con Cuento de amor en un barrio barroco, para niños, o mejor, público familiar, Teatro de las Estaciones demostró que 20 años no son nada. O mucho, pues en el caso de latrouppe dirigida por Rubén Darío Salazar y acompañada siempre por el lujo creativo que aporta un diseñador como Zenén Calero, este ha sido un tiempo de espectáculos memorables, talleres, investigación profunda, exposiciones, libros, acciones múltiples en pro del teatro de figuras nacional. Acompañar a esta agrupación por dos décadas ha sido un aprendizaje constante, para sus integrantes y para su público, y una demanda de respeto imprescindible hacia una expresión que en Matanzas ellos defienden con la misma calidad y constancia con la que podrían hacerlo en cualquier capital del mundo.

Un regalo insólito fueron las dos funciones que, en agosto, nos ofreció The Globe Theater, la compañía británica que va ahora mismo por el mundo presentando una producción de Hamlet para celebrar el 450 aniversario del nacimiento de Shakespeare. El Teatro Mella se colmó durante las representaciones que nos hicieron oír en su idioma original los famosos parlamentos del atormentado príncipe.

Antes de que ello ocurriera, en junio, se presentó a manera de workshop, en la Avenida del Puerto, una puesta de teatro musical a partir de Carmen Jones dirigida por Christopher Renshaw, que traía a ambiente cubano la conocida trama, que combinó a artistas cubanos con un equipo que desde Broadway y Europa apostaba por un acontecimiento, calentando de algún modo la atmósfera para que llegáramos al suceso que comenté al inicio de estas líneas.

También regresó a la Isla una compañía tan respetada como La Candelaria, de Colombia, con su espectáculoSoma Mnemosine, que revisa la órbita del propio grupo a través de un tratamiento experimental de la dramaturgia y el uso del espacio.

El Festival de Ballet, dedicado sorprendentemente también a Shakespeare, trajo algunas presencias internacionales de valía, repitió mucho de lo ya visto, abrió un breve espacio de homenaje al gran maestro que fue Fernando Alonso, e incluyó una muestra de sus talleres de creación en los que habrá que tener más fe. Enero nos permitirá presenciar cómo la Escuela de esta expresión recibe el nombre de Fernando Alonso, en un acto de justicia que confirma la propuesta que hiciera una de sus más relevantes discípulas durante el Congreso de la Uneac.

Podría añadir otros montajes a esta relación, pero al menos desde mi perspectiva de espectador, esos son los más relevantes. Había valores atendibles en La panza del caimán, de Teatro del Espacio Interior; Aventura en Pueblo Chiflado, de Los Cuenteros; y en ¿De qué está hecha tu casa?, coreografiado por Sandra Ramy para su proyecto Persona. Y creo que con Shango de Ima, sobre texto de Pepe Carril, Teatro de las Olas llegó a la Segunda Bacanal del Títere para Adultos con un empeño que les exige más y los enfrenta a nuevas demandas.

Pero también lamento la descaracterización que siguen sufriendo algunas de nuestras salas, la inestabilidad en los repertorios y carteleras de varios grupos de pasado glorioso y actualidad penosa, la demora en la aparición de publicaciones especializadas, amén del fallecimiento de figuras que, como Iván Tenorio, dejaron una estela digna de investigación más profunda. Seguir rescatando la frágil memoria del teatro cubano es una misión que se retarda. Espero no llegue el día en que solo nos quede lamentar la pérdida de cosas ya irrecuperables.

El 2015 traerá al país otra oleada de cambios. La escena de la Isla, la de sus escenarios y la de más allá de ese límite, tendrá que cambiar también. Las regulaciones económicas, las aperturas que se avecinan, no dejarán de influir en todo lo que vivimos, y el teatro no puede estar de espaldas a ello.

A nombre del teatro cubano siguen existiendo grupos que ya no producen obras de calidad, a ratos de ni siquiera medianos logros, que perviven azarosamente, sin aportar estímulos que justifiquen sus presencias. Los maestros van cediendo, por vía natural, su terreno a otros herederos, conscientes o no del legado que deberían redimensionar hacia otros niveles y discusiones. El ruido de luchas generacionales, de intereses que no siempre son teatrales aunque utilicen al escenario como territorio de visibilidad, la influencia forzada de tendencias y nombres extranjeros, así como el dilema de la formación profesional de nuestros artistas, son puntos a debatir en escalas aún más arduas.

Daremos inicio a ese año con las Jornadas Villanueva, con la entrega del Premio Nacional de Teatro, y algunos nos iremos a Matanzas a celebrar el 90 Estorinos, evento que por desgracia no contará con la presencia de su inolvidable protagonista. Pero quizás el 2015 ya empezó, con su carga de fe y supervivencias, con la exigencia a la crítica a ser voz y parte de este lidiar permanente. Es lo que sospecho, tras haber visto la primera representación de Rent.

La puesta cubana del famoso musical dice mucho de lo que tenemos y de lo que nos falta. Habla del enorme talento en potencia que tenemos, y del cual se extrajeron los 22 nombres que integran el elenco, así de cómo ese mismo talento debe ser entrenado, educado, para que pueda asumir el nivel riguroso que el espectáculo escénico exige hoy a sus profesionales sin que decaigan las fuerzas o se note un desbalance entre el canto, la actuación y el baile. Habla de las necesidades imperiosas de crear estructuras de producción y administración que promuevan a verdaderos especialistas en sonido, tecnología y aparataje teatral. De las nuevas fórmulas de pago que habrá que implementar para contar con música en vivo en producciones como estas. De otras maneras de promover y promocionar los espectáculos a fin de que el público entienda y pague exactamente por el standard de lo que se le ofrece, ya que este es un tipo de creación inevitablemente costosa.

Creo que Rent es un buen punto de partida para todo ello. Y que sus creadores están conscientes de lo que debe venir como próximo paso. Andy Senior volverá a Cuba para impartir un taller que servirá para perfeccionar el trabajo actoral en esta especialidad, cuestión imperiosa para dar más balance y equilibrio a lo que está ahora mismo en escena. La producción, que repite la puesta de Broadway, necesita que sus actores y actrices den un tono propio y genuino a sus personajes, sin desatender el canto y otras demandas, en una obra que se extiende por casi tres horas y donde el diálogo es mínimo. La calidad del sonido es ahora el talón de Aquiles de la propuesta, y habrá que luchar con ello hasta que no tengamos en Cuba el equipamiento que permitirá mejoras al respecto.

Los espectadores que acudan a la sala Tito Junco encontrarán voces entrenadas como las de Laritza Pulido y Luis Alberto Aguirre, provenientes de la escuela lírica, junto a otras que por vez primera se enfrentan a un reto como este. O figuras que, como Yaité Ruiz, asume el papel de Maureen (estrenado por Idina Menzel) aprovechando su garra actoral. Quiero saludar y recomendar, en particular, el desempeño de Josep Rafael Puentes, como Roger, personaje con el cual da un giro radical a su carrera y sobre el cual descansa mucho del éxito por venir de esta temporada.

Para el Consejo Nacional de las Artes Escénicas, para el equipo cubano-norteamericano implicado en este espectáculo, la experiencia ha sido grande y agotadora. Quedan por delante los tres meses de temporada, y es necesario que el público acoja a esta producción, como ha sucedido con Rent en tantos lugares del mundo. Tendrá que luchar con los obstáculos de todo lo incipiente (y otros, como una traducción que creo arrebata al original mucho de su sentido del humor), y aferrarse a eso que mencionaba más arriba: la fe y la supervivencia que son caras a cualquier proyecto teatral. Son los mismos elementos que los protagonistas de Rent tienen como garantía para seguir adelante. Las representaciones confirmarán quiénes darán lo mejor de sí, lograrán superarse o no, y con quiénes podría conformarse una compañía cubana que continúe esta senda.

Hay un elemento conmovedor en todo lo que representa Rent, y es ese anhelo de vencer distancias, carencias, retos, para entregar al público cubano algo que reconecta parte de nuestra tradición (la casi perdida y fragmentada historia de nuestro teatro musical, tan olvidada y desatendida como para que nuestra prensa afirme que este es el primer título de Broadway que se presenta aquí tras casi medio siglo), con la posibilidad de hacerlo mucho más nítido y mejor en el futuro.

Teatro musical hubo en Cuba desde los bufos, la esencia melódica del Teatro Alhambra es innegable, el Teatro Musical de La Habana y otros creadores nos dieron títulos criollos y foráneos como Irma la Dulce, Tía Mame, Hello, Dolly!, My Fair Lady, Un día en el solar, Pedro Navajas, El apartamento, Las vacas gordas, Donde crezca el amor, Grease,El amor no es un sueño de verano, Cabaret, Chicago, etc. La intermitencia del género, el desprecio del que ha sido objeto, la imposibilidad de asumir con nuestras estrecheces una expresión que para ser efectiva hoy requiere de cifras millonarias, ha desfigurado mucho de lo que el musical debería ser entre nosotros.

Gracias a este contacto, ahora podremos tener otros referentes, con actores y actrices cantando en vivo, acompañados debidamente, y con la asesoría profesional que viene directamente desde el sitio del mundo donde mejor se hace el género. Ojalá sepamos mantener esta conversación que a la larga sería provechosa, y no solo para el devenir del musical en Cuba. Por ello agradezco a Robert Neederlander y a su equipo de técnicos y creadores, que apostaron por este país y están pensando ya en cosas mayores. Creo sinceramente que todo el que se interese debe ir a ver Rent. Lo discutiremos y lo aplaudiremos. Marca una señal que servirá de referencia para extraer lo más provechoso y dejar a un lado atavismos o convenciones que no serían ya fructíferas.

Todo eso se avecina en el 2015. Hay que pensar ya en todo ello, y en cómo replantearse el sistema total de nuestra cultura, porque el país está de lleno en tal búsqueda, y nadie debería dejar de participar en ella. Ninguna oportunidad debe ser desperdiciada, si en ello va algún síntoma de vida. Como dice una de las más famosas líneas de Rent: “No day but today”. No hay más día que este. Y con ese impulso es que debemos continuar. Hacia los teatros, y a tantas otras cosas.


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